Una de las declaraciones más descarnadas, íntimas y complejas de Raquel Argandoña remeció la última emisión del programa digital Only Friends.
Mientras los integrantes del panel analizaban qué aspectos de sus vidas cambiarían si tuvieran la oportunidad de retroceder el tiempo, la animadora congeló el ambiente al apuntar al corazón de su vida familiar, destapando un profundo arrepentimiento en la crianza de sus hijos, Kel y Nano Calderón, durante una etapa clave de su infancia.
Cuatro años distanciados: El quiebre de la rutina familiar
La comunicadora recordó los complejos manejos logísticos que debió armar a comienzos de la década de los 2000 debido a sus compromisos laborales fuera de la capital. Al tener que radicarse temporalmente en la Región del Maule, su núcleo familiar sufrió una drástica división que la obligó a delegar el cuidado diario de sus hijos en un momento crucial de sus desarrollos.
“Cuando fui alcaldesa de Pelarco, tuve que vivir cuatro años ahí y el padre de mis hijos era mi asesor legal, no estábamos casados, podía hacerlo y mis hijos se quedaron cuatro años en Santiago, a cargo de mi mamá, mi papá y una nana”, desclasificó con total seriedad Argandoña.
El peso de la educación por sobre la presencia materna
El núcleo del mea culpa de la actual figura televisiva radica en haber priorizado la estabilidad escolar de Kel y Nano Calderón en Santiago por sobre la necesidad de mantenerlos a su lado, una decisión de la que hoy se hace cargo con evidente dolor, considerando que en ese entonces los niños promediaban entre los 10 y 12 años.
“Ellos estudiaban en el Santiago College y nosotros privilegiamos eso, me arrepiento, la educación en vez de llevarlos al lado nuestro a Talca”, reconoció de forma categórica frente a las cámaras del espacio digital.
Para hacer el panorama aún más complejo en el plano personal, Raquel reveló que la situación familiar se tornó insostenible tras la ruptura sentimental con Hernán Calderón padre. Al no tener dónde quedarse en la zona tras el quiebre amoroso, la animadora se vio obligada a realizar extenuantes viajes diarios por carretera para cumplir con sus obligaciones y poder regresar a Santiago a ver a sus hijos, cerrando un ciclo que dejó profundas huellas en la historia de la mediática familia.