Celebridades

Joaquín Cosío, conocido por su rol de El Cochiloco, ha enfrentado estas situaciones escalofriantes

Joaquín Cosío, a quien actualmente podemos ver en el cine protagonizando la destacada comedia "Lecciones para canallas" de Gustavo Moheno, es indudablemente el actor mexicano más conocido en Hollywood y este 6 de octubre cumple 60 años. Su carrera actoral, que inició al dejar de dar clases en Ciudad Juárez, tiene apenas un par de décadas, cuando apareció en "Una de dos", de Marcel Sisniega, interpretando al Tío Luis, un hombre perturbador que no dice una palabra.

Luego, en 2004 hizo "Matando Cabos", donde interpretó al Mascarita, un luchador retirado que se dedica a resolver situaciones apremiantes. El personaje se robó la película. Siguió haciendo personajes secundarios en el cine y explorando la actuación en teatro, donde ha tenido estupendas interpretaciones.

En 2008 llegó a la franquicia del 007 en "Quantum Solace" interpretando al General Medrano, el gobernante de un país latinoamericano ficticio. En una entrevista para la revista Chilango, contó a este tecleador que no le salía el gesto que le pedía el director, por lo que tuvo que repetir una escena una y otra vez mientras había explosiones de fondo.

La película "El infierno", de Luis Estrada, lo consolidó en el gusto del público. Hizo a "El Cochiloco", un narcotraficante que jala a Benny (Damián Alcázar) al negocio bajo las órdenes del infame Don Jesús (Ernesto Gómez Cruz) y Doña Mari (María Rojo). Por esta comedia negra, Joaquín Cosío obtuvo el Ariel por mejor actuación secundaria.

Este personaje lo ha llevado a ser reconocido en la calle. Este tecleador vio cuando desde un carro en movimiento le gritaban "¡Ese mi Cochi!", mientras él mandaba un saludo con la mano.

Sin embargo, no todas las muestras de reconocimiento han sido fáciles para quien hiciera al villano de "El escuadrón suicida". Incluso algunas experiencias han sido poco menos que escalofriantes.

Una de las frase que lo perturbó fue: "Nosotros somos los de a de veras". Dijo en una entrevista con Yordi Rosado: "No mames… Dije yo, bueno, gracias… ¿Qué te tomas? Se acercaron, quisieron estar ahí y nosotros inmediatamente 'vámonos de aquí, vámonos de aquí' y ya nos fuimos y no pasó nada, no pasó nada".

Eso ocurrió en Zacatecas. Y en Ciudad Juárez, Chihuahua, ciudad donde residió e incluso inició una carrera como poeta (destacada aunque escasa), un hombre se le acercó repetidamente. “Bueno, a la tercera o cuarta vez yo ya andaba que me moría. Iba con mi amigo, que iba con su novia y no se daban cuenta. De esas ocasiones que, literal, se ve tanto en los libros o en las películas, te sientes solo, que el mundo gira alrededor, que vez una amenaza atroz y nadie se da cuenta".

Añadió, una vez que contó que el tipo lo amenazó: "Es la única vez que comprobé que sí te tiemblan las rodillas. Voy, llego a la puerta, la abro y no pasa nada. Eran los tiempos cuando Juárez no enloquecía, donde no había tanta locura, no era todo demencial porque si no, seguramente ni salgo. Ese ha sido de los momentos de los más terribles".

En otra ocasión, un joven le aventó un sobre con polvo blanco en el baño de una cantina. “Son momentos en los que quieren decirles: ‘yo no soy’. Quieres gritar y convencerles de que yo no soy. Me confunden”.

Pronto podrá verse a Joaquín en "¡Que viva México!", la más reciente película de Luis Estrada que estrenará en cines y en Netflix en noviembre.

Ve el tráiler de "El infierno"

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