REALEZA

Reyes y príncipes que renunciaron a su título por amor, pudo más el corazón

Ostentar una corona no está mal, pero a veces pesa demasiado. En la vida real hay cosas mejores y varios personajes lo han ratificado a lo largo de la historia.

Realeza.La última en hacerlo fue la princesa Mako de Japón, que se fue con un compañero de estudios.Créditos: Instagram
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El príncipe Harry sorprendió en el 2020 al anunciar que renunciaba a representar a la Familia Real británica y a los cargos que se le habían asignado, pero el no ha sido el único en la historia de la realeza mundial, a continuación, te compartimos a los reyes y príncipes que prefirieron el amor.

Príncipe Harry

Fue el 8 de enero que el hijo menor de Lady Di y el rey Carlos III, el príncipe Harry reveló que emprendió una serie de acciones para recuperar el control de su vida lejos de la corona británica generando polémica y miles de comentarios.

Harry y Meghan decidieron dejar de utilizar el título de Su Alteza Real, así como percibir fondos públicos del presupuesto soberano que distribuye la reina Isabel II, compromisos reales, incluidos actos militares, y de representar a la monarca.

La princesa Sayako de Japón

Sayako, la hija menor de los que fueran emperadores de Japón Akihito y Michiko, renunció a sus títulos por amor. Fue en el año 2005, cuando decidió casarse con el funcionario municipal y urbanista Yoshiki Kuroda. En su fiesta de compromiso comunicó que abandonaría la casa imperial, su título de alteza y sus obligaciones; tras su enlace cedió todos los privilegios de la vida imperial. Desde hace dos años es la suma-sacerdotisa del Gran Santuario de Ise, una posición que heredó de su tía.

Chris O’Neill

El esposo de la princesa Magdalena de Suecia renunció a todos los títulos que le ofrecía su suegro tras su matrimonio en 2013. Su razón no fue tanto el amor (Magdalena no ha cedido a sus derechos ni su puesto en la línea de sucesión), como la libertad para poder hacer y deshacer sus lucrativos negocios sin tener que rendir cuentas. Eso sí, el empresario y la princesa tendrán que pensar en mudarse a Suecia si no quieren que sus tres retoño pierdan sus derechos dinásticos.

María I de Escocia

En 1567, la reina de los escoceses abdicó en nombre de su hijo Jacobo. Su razón fue quizá la más pragmática y también la más común en la historia: salvar la vida. Aunque la medida le sirvió solo para aplazar su trágico destino porque fue sentenciada a muerte 20 años después. Su prima, la reina Isabel I, firmó el veredicto acusándola de traición.

Friso de Holanda

El hermano del rey Guillermo de Holanda se enfrentó al Gobierno y a su madre (la entonces reina Beatriz) para casarse con Mabel Wisse, una polémica mujer que podría haber ejercido de espía para los servicios secretos holandeses en los años noventa. Aunque lo que realmente contrarió al parlamento fueron las relaciones de Wisse con el narcotraficante Klaas Bruinsma. Se casaron en 2004, él renunció a su puesto en la línea sucesoria y se mudaron a Londres. Pero Friso falleció en 2013 a causa de las lesiones que le provocó un accidente de esquí. Su viuda hoy mantiene una relación cordial con su familia política y su título de princesa.

Eduardo VIII del Reino Unido (Duque de Windsor)

Fue uno de los escándalos más golosos de la primera mitad del siglo XX. Un amor de leyenda que ha aparecido en libros, películas, series… En 1936, solo 325 días después de ascender al trono, el rey Eduardo VIII leyó su renuncia en directo en la BBC. Su decisión de proponerle matrimonio a Wallis Simpson, estadounidense y dos veces divorciada, provocó una crisis constitucional. Decidido a darle el ‘sí quiero’ a Simpson, abdicó y fue sucedido por su hermano menor, padre de la actual monarca, que pasó a ser Jorge VI.

Beatriz de Holanda

Mucho más reposado es el motivo que llevó a la reina Beatriz a ceder el trono a su hijo Guillermo en 2013: retirarse a un segundo plano y disfrutar de la vida tras 33 años de servicio a la corona. “Es tiempo de colocar la responsabilidad del país en manos de una nueva generación”, dijo en el canal de televisión público. No sorprendió. La familia real holandesa presume de un largo historial de monarcas que abdican a favor de sus retoños tras unas décadas en el trono.

Felipe V

Tampoco era mal plan el que decía tener Felipe V cuando abdicó en 1724: retirarse a vivir en el campo, en el palacio de La Granja. Cualquiera que haya visitado el icónico enclave entenderá la buena excusa. Pero los historiadores no se ponen de acuerdo en este punto y algunos sostienen que su decisión podría tener como objetivo aspirar al trono de Francia como sucesor de Luis XV (algo incompatible con el trono español, que no le parecería tan jugoso). De cualquier manera, de poco le sirvió: su hijo Luis I, de solo 17 años, falleció y Felipe tuvo que volver a subir al trono en el que permaneció un total de 45 años.

Balduino I de Bélgica

Los planes para abdicar del rey Balduino fueron algo más abyectos: solo lo hizo entre el 3 y el 5 de abril de 1990, el tiempo justo para no tener que sancionar una ley que despenalizaba el aborto en su país. La normativa se enfrentaba directamente a sus creencias arcaicas, así que no ratificó este derecho de las mujeres y, una vez lo hizo el parlamento, regresó a su cargo.

La princesa Mako de Japón

La nieta mayor de Akihito (hija de Fumihito) parece que seguirá los pasos de su tía Sayako y renunciará a sus títulos por amor. Aunque su enlace se ha aplazado para 2020, Mako planea casarse con Kei Komuro, un compañero de universidad sin sangre real en sus venas. Cuando dé el ‘sí quiero’ ella también perderá sus derechos y deberes como miembro de la familia real nipona.

Cristina de Suecia

No están claros los motivos que llevaron a esta reina a renunciar al trono en 1654: “Si el consejo supiera las razones, no le parecerían tan extrañas”, dijo al abdicar. Los cronistas de la época destacan su inteligencia y su pasión por las artes. Intercambió correspondencia con el filósofo Descartes, se negó a contraer matrimonio y vistió abiertamente la indumentaria tradicional masculina. Podría haberse retirado para vivir con su amante, su prima Ebbe Sparre, o para convertirse al catolicismo. Murió en Roma a los 62 años.

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